
Hasta hace tres semanas atrás tuvimos días donde las máximas fueron menos doce grados, en enero prácticamente en ésta ciudad ningún día vimos el sol ni nos sacamos los gorros de lana ni las bufandas. El frío se metía por cualquier lugar y sobre todo a la madrugada, la calefacción fue indudablemente nuestra mejor amiga y la piel cada semana se nos puso más pálida. Todo el mundo hablaba de la ola polar en Europa, de los lagos congelados y de los problemas que trae la nieve. Como núnca en el año consumimos sopitas calentitas y miramos asombrados, como cada año, la magia de los copos blancos. Nos acostumbramos y acostumbramos a nuestros amigos a quitarnos y quitarse los zapatos en la entrada para no mojar el piso con el barro y la nieve. Se nos hizo costumbre usar doble capa de todo, medias, camisetas, pantalones y yo (como soy exagerada) guantes. Sin embargo, la última semana de Febrero tímidamente pero radiante apareció el sol sin ninguna nube dando vueltas y a medida que se derretía la nieve de los techos a nosotros inevitablemente nos crecía la esperanza de que, a poco, el clima cambia. Tschüss Winter :D.
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