miércoles, 25 de junio de 2008

Olor propio

Desde que llegamos huele a casa extraña, en un primer momento no nos preocupamos demasiado porque alquilar algo amoblado puede venir con ese plus, pero se supone que a medida que uno se instala los olores propios van ocupándolo todo. Si uno abre el placard allí encuentra olor a suavizante o en su defecto, a ropa sucia. Si huele donde estan los zapatos irremediablemente nos llega el olor propio de las patas. Lo mismo cuando se abren las puertas de la alacena, olor a te, café, menta, las ollas tienen olor a comida preparada por uno, la puerta abierta de la heladera devuelve el aroma de las compras de la semana, queso, manzanas, yogurt y asi sucesivamente. Sin embargo, cuando uno abre la puerta de casa, el olor que nos recibe resulta desconocido. Como si esa conjunción de olores que se encuentran dispersos por toda la casa no tuviera identidad y fuera absorbido por un olor extraño que no nos pertenece o no logramos identificar.
Hemos probado con desodorantes de ambiente, velas perfumadas, esencias, ventanas abiertas y nada, no tenemos resultados y aunque la gente identifique nuestra casa con ese olor, a nosotros nos sigue pareciendo que no es propio. No es olor feo, solo es extraño y ayer me pareció que estaba mutando, pues apenas abrí la puerta ya no me pareció ajeno, estuve toda la tarde sintiendo que el olor me resultaba conocido, no lo identifique de entrada pero luego de un rato me dí cuenta que olía a jarabe, "la casa huele a remedio" pensé.
El asunto hubiera quedado en ese punto de no haber sido que hoy hizo un calor terrible -en términos europeos- y daban ganas de meter las patas en el rio tomando algo fresco. En eso me acorde del Facu alguna vez comentando la actitud relajada del negro, cuando en Playa de Oro ponía una reposera cerca del rio, de manera tal que el agua pudiera refrescarle las patas mientras se tomaba un fernet servido de la jarra al alcance de sus manos.
La conexión me llegó al instante y solo tuve que treparme en el mueble grande para darme cuenta que el olor a jarabe venía de allí arriba donde el rubio pone las bebidas y como si me estuviera esperando, cuando asomé la cabeza, vi agonizante y triste la botella de fernet que se desangraba lentamente a causa de una tapa mal ajustada, dejando un charco negro. Lo interesante del asunto, mas allá de la trágica perdida, es que por fin nuestra casa huele a algo conocido, huele a Fernet y como si fuera poco a Fernet Branca.

2 comentarios:

Facundo Miño dijo...

El relato me acaba de arrancar una hermosa sonrisa pese al sueño que arrastro (esto de buscar departamento y trabajar en horario comercial ocupa mucho tiempo), pese a la distancia.
No suele ser un aroma agradable la del fernet en el aire, es mucho mejor beberlo que olerlo.
El sábado hicimos un asado en casa (con branca, obviamente) y, por supuesto, me acordé de ustedes.
No tengo constancia (todavía me falta leer el relato de viaje) pero empiezo a notar un par de virtudes suyas al escribir. No se detenga. Besos.

Evangelina dijo...

coincido totalmente con el Facu!!! me rio mucho con tus crónicas... Me encantó la libre asociación que hiciste!! te mando un besoteeee