domingo, 19 de febrero de 2012

Chilenisch


Los primeros días de Febrero de 2012 Camila Vallejos estuvo en Munich y en otras doce ciudades de Europa invitada por la fundación Rosa Luxemburgo y el Sindicato de Ciencia y Educación de Alemania (GEW), algo que los medios resumieron como die Linke (la izquierda alemana que sí, aún existe). El objetivo fue visitar universidades y otras instituciones para contar sobre el movimiento estudiantil y social de Chile y romper un poco con el sesgo de los medios de comunicación chilenos que de acuerdo a los expresado por los representantes del movimiento "así como el gobierno, muchos medios han manipulado la información".
La "Juana de Arco de los Andes" (como la describió un periodista del diario Die Zeit -cuanta creatividad midios!-) no vino sola sino integrando una comitiva de representantes de la Juventud Comunista y la Central Unitaria de Trabajadores de Chile para que a nadie le quedaran dudas de la posición que han tomado los líderes juveniles de la protesta en el país sudamericano. "No aceptamos que se siga hablando de un movimiento estudiantil porque este es un movimiento social y político que no solo quiere cambiar la educación sino destruir al modelo económico que nos ha tenido sometido durante años" se despachó ante los presentes Karol Cariola, delegada en la comitiva, a los minutos de haber tomado la palabra.
El nombre de la gira -como le llamaban- era "Podemos Cambiar el Mundo" (el mismo título que lleva el libro de Camila Vallejos que salió a la venta este año) y el discurso para acompañar semejante nombre englobaba un resumen contextual de las últimas décadas sobre las políticas socioeconómicas llevadas a cabo en el país andino y también las proyecciones a futuro del movimiento. Un repaso necesario para poner en perspectiva histórica a los alemanes asistentes sobre las causas y hechos que marcaron la situación actual de la educación en Chile y otros aspectos sociales del país como la situación gremial, laboral y de consumo de los pobladores.
Fue la dictadura militar encabeza por Augusto Pinochet "la que afectó en gran medida al mundo educacional, sobre todo porque el modelo se instaló a la fuerza, no solo para privatizar los servicios básicos sino también los derechos básicos y mediante la fuerza y la represión se negó todo espacio de organización y participación política" comenzó explicando, en un tono serio y por momentos tímido, Camila Vallejos ante la mirada atenta y curiosa de casi trescientas personas. Aludió, además, a la Constitución Política de Chile de 1980 -cuya formulación (curiosamente) fue asesorada por abogados de la universidad alemana de Würzburg- para destacar que la misma "protege el derecho a la libre empresa pero no protege el derecho a la educación. Por esta razón, se justifica la privatización porque el estado le da responsabilidad al mercado y a las empresas, que son establecimientos privados, para proveer educación y de esta forma no se hace responsable el Estado".
Basada en el argumento anterior es que la estudiante chilena enfatizó: "No queremos un Estado subsidiario que ha permitido que el neoliberalismo se desarrolle, este es un movimiento que se expresa en lo político porque trata de resignificar lo que es público. Esta apuesta por lo público se plantea necesariamente como lo contrario al mercado de intereses privados que ha generado el sistema neoliberal".
El discurso de la delegación chilena, llevado a cabo en la Universidad Maximilan Ludwig y en la sede del GEW, fue directo, como una trama de sucesos puntuales para explicar al público europeo por qué surge la protesta en Chile y por qué se trata de un movimiento amplio. Cuando Camila Vallejos destacó "lo que estamos dando en definitiva, es una lucha de clases" la posición fue una demarcación explícita, una frase vieja y desgastada que en las regiones del este europeo implica una connotación controvertida y por eso mismo, en algún punto, expresada en estas tierras, no dejó de ser provocadora.


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