lunes, 22 de junio de 2009

Más de lo mismo che

Si no hay muchas novedades es porque la rutina nos envuelve y el tiempo se mide por la cantidad de veces que hicimos exactamente lo mismo. Desde el regreso de Argentina entramos en una especie de letargo acrecentado por los días nublados que hacen parecer que todo es exactamente igual que el día anterior. La primavera llegó y se fue dejando entre medio solo un puñadito de días soleados, que estuvieron buenos y los aprovechamos pero fue solo eso, una mezquina demostración de que acá, aveces, también se puede usar ojotas.
El verano, palabra enorme para estas latitudes, se anunció ayer, en el centro de la ciudad con una consistente tormenta de granizos. Con esto, todos los que alguna vez en la vida experimentamos el sofoco de 36 grados a la tarde, nos parece un disparate tener que conformarnos con 23 grados para meternos al agua, que a modo de burda ironía del clima, siempre parece recién bajada en canaleta de las cumbres alpinas. Ni en pedo!. 23 grados para mi a
un significa saquito de lana.
Es el segundo verano y todavía me rebelo a tener que conformarme con un exánime sol y temperaturas decentes intermitentes. No me sale, como a esos cuerpecitos blancuzcos tirarme en el pasto y asumir una definición errónea del calor. Me resisto definitivamente, a un verano en cuotas.


1 comentario:

Facundo Miño dijo...

Ja ja. Muy interesante relato-visión. Acña tuvimos a mediados de mes un día con 30 grados justo antes de empezar el invierno. Y ahora bajó la temperatura pero al mediodía estamos en 17 grados aproximadamente. Igual acá ya no da para ojotas.