"Fecha de salida sábado 22 de diciembre 9:40 hs. en Hauptbahnhof. Llevar una muda de pantalones, zapatos y medias. P/D: Serán 6 km. de bajada."
Y se nos iluminó la cara porque el año pasado nos quedamos con las ganas y desde que comenzó el invierno nos la pasamos hablando de lo lindo que sería tirarnos en trineo y como siempre tenemos otras cosas para hacer, nunca organizamos la salida. Por suerte tenemos amigos como el Alf que nos envían mensajes concisos y concretos. La semana nos sirvió para comentárselo a todo el mundo y recibir comentarios al estilo "puedo ir" u otros como "es peligroso" "no tenés tanto dominio para frenar" "una vez que tomás velocidad.." "yo me quebré el hombro" y "etc".
El sábado amaneció lloviendo con tres grados negativos (lindísimo) y mientras nos preparábamos para la salida cual tic alemán, se me ocurrió chequear el pronóstico para Tegernsee, la temperatura era bajo cero (nada mal), pero lo que atentaba a boicotear nuestros planes era un "wetter alert" escrito con rojo furioso.
Dado que mi amigo es mexicano y posee el mismo grado de inconsciencia que nosotros para las cuestiones invernales en los Alpes, el viaje se hizo igual, con la única modificación de auto en vez de tren.
Antes de subir a la cima por un teleférico la señora que nos vendió el ticket nos advirtió que arriba había tormenta de nieve y a mitad de la montaña el camino estaba con hielo y barro. La novia alemana de mi amigo no estaba nada convencida, por lo que a mi me entró la duda pensando que ella tenía más idea del asunto. Como Alf es chico precavido fue a preguntar sobre el tema a un grupo de jóvenes que recién terminaba la travesía. La cuestión es que rotundamente, mientras se bajaban una botella de grapa, nos dijeron "vale la pena".
Al consejo lo tomamos como palabra santa dado que venía de unos chicos con lentes espejados y ropas fluorescentes por lo que sin más vueltas alquilamos el trineo y subimos la montaña.
Adentro del teleférico:
yo- "dado que estamos a 100 metros del suelo y esto se mueve por la tormenta de nieve, creo que podríamos estar viviendo el último día de nuestras vidas"
fede- "uhhh viste ese árbol?"
yo- "creo que deberíamos decir algo inteligente antes de morir"
fede- "viste como las gotitas se pegan al vidrio?"
yo- "eso es lo más inteligente que se te ocurre?"
fede- "no tiene sentido decir algo inteligente"
yo- (a punto de llorar) tengo miedo, vamos a morir!!!!
Y antes de entrar en pánico llegamos a la cima, la mejor frase de aliento vino del tipo que nos ayudaba a bajar el trineo que cuando me vio los pantalones, con cara profética me dijo: "Apenas salgas de acá se te van a congelar" luego siguió mirando mis guantecitos de lana, mi abrigo sin colores chillones, mis zapatos sin goretex y resignadamente se limito a mover la cabeza negativamente, de un lado al otro.
Cuando llegaron los chicos que venían en la otra cabina, con actitud bien escandalosa, salimos como locos a revolcarnos en la nieve y en menos de cinco minutos hicimos una guerrita de nieve, varios angelitos e intentos de muñecos de nieve.
Me tocó viajar con el Fede y nos estrellamos en la primera curva, luego en la segunda, después en la tercera y hasta la mitad del camino donde nos avivamos. Logramos bajar los 6 km. sin dislocarnos ninguna parte del cuerpo y aunque la profecía del tipo se cumplió extendidamente (porque no solo los pantalones se me congelaron) todo nos resultaba fantástico.
Arriba la tormenta era furiosa y nosotros nos sentíamos equilibrados, nos dolía la panza de la risa y los cachetes del frío porque para los sudacas de climas cálidos la nieve tiene un efecto hipnótico.
Y se nos iluminó la cara porque el año pasado nos quedamos con las ganas y desde que comenzó el invierno nos la pasamos hablando de lo lindo que sería tirarnos en trineo y como siempre tenemos otras cosas para hacer, nunca organizamos la salida. Por suerte tenemos amigos como el Alf que nos envían mensajes concisos y concretos. La semana nos sirvió para comentárselo a todo el mundo y recibir comentarios al estilo "puedo ir" u otros como "es peligroso" "no tenés tanto dominio para frenar" "una vez que tomás velocidad.." "yo me quebré el hombro" y "etc".
El sábado amaneció lloviendo con tres grados negativos (lindísimo) y mientras nos preparábamos para la salida cual tic alemán, se me ocurrió chequear el pronóstico para Tegernsee, la temperatura era bajo cero (nada mal), pero lo que atentaba a boicotear nuestros planes era un "wetter alert" escrito con rojo furioso.
Dado que mi amigo es mexicano y posee el mismo grado de inconsciencia que nosotros para las cuestiones invernales en los Alpes, el viaje se hizo igual, con la única modificación de auto en vez de tren.
Antes de subir a la cima por un teleférico la señora que nos vendió el ticket nos advirtió que arriba había tormenta de nieve y a mitad de la montaña el camino estaba con hielo y barro. La novia alemana de mi amigo no estaba nada convencida, por lo que a mi me entró la duda pensando que ella tenía más idea del asunto. Como Alf es chico precavido fue a preguntar sobre el tema a un grupo de jóvenes que recién terminaba la travesía. La cuestión es que rotundamente, mientras se bajaban una botella de grapa, nos dijeron "vale la pena".
Al consejo lo tomamos como palabra santa dado que venía de unos chicos con lentes espejados y ropas fluorescentes por lo que sin más vueltas alquilamos el trineo y subimos la montaña.
Adentro del teleférico:
yo- "dado que estamos a 100 metros del suelo y esto se mueve por la tormenta de nieve, creo que podríamos estar viviendo el último día de nuestras vidas"
fede- "uhhh viste ese árbol?"
yo- "creo que deberíamos decir algo inteligente antes de morir"
fede- "viste como las gotitas se pegan al vidrio?"
yo- "eso es lo más inteligente que se te ocurre?"
fede- "no tiene sentido decir algo inteligente"
yo- (a punto de llorar) tengo miedo, vamos a morir!!!!
Y antes de entrar en pánico llegamos a la cima, la mejor frase de aliento vino del tipo que nos ayudaba a bajar el trineo que cuando me vio los pantalones, con cara profética me dijo: "Apenas salgas de acá se te van a congelar" luego siguió mirando mis guantecitos de lana, mi abrigo sin colores chillones, mis zapatos sin goretex y resignadamente se limito a mover la cabeza negativamente, de un lado al otro.
Cuando llegaron los chicos que venían en la otra cabina, con actitud bien escandalosa, salimos como locos a revolcarnos en la nieve y en menos de cinco minutos hicimos una guerrita de nieve, varios angelitos e intentos de muñecos de nieve.
Me tocó viajar con el Fede y nos estrellamos en la primera curva, luego en la segunda, después en la tercera y hasta la mitad del camino donde nos avivamos. Logramos bajar los 6 km. sin dislocarnos ninguna parte del cuerpo y aunque la profecía del tipo se cumplió extendidamente (porque no solo los pantalones se me congelaron) todo nos resultaba fantástico.
Arriba la tormenta era furiosa y nosotros nos sentíamos equilibrados, nos dolía la panza de la risa y los cachetes del frío porque para los sudacas de climas cálidos la nieve tiene un efecto hipnótico.
1 comentario:
Semejante aventura debe ser publicada, en formato de libro. Creo que aún la más exigente de las editoriales la aceptaría editar.
!Bendita inconciencia¡ hermosa experiencia!
Publicar un comentario